
Luego Gordonás cuenta la grave situación en la que se encontraba en Rivadavia: "Los últimos 17 años me desempeñé en una empresa que nunca pagó mis aportes previsionales, a pesar de descontarmelos en cada recibo. Cobré mi sueldo en tiempo y forma sólo dos meses a los largo de estos años, y sin embargo, cada día me esforcé en poner lo mejor de mí. Hoy dije basta! No quiero más!.
Gustavo remata explicando que no concuerda con estos nuevos "valores" y que no puede mostrarse frente a sus hijos sosteniendo lo que no quiere que aprendan.
Más allá de la discusión bizantina que se puso en tela de juicio en el sitio sobre si hay que huir o quedarse a pelearla, lo notable es que los más veteranos se están dando cuenta de que las injustas reglas que impone el medio se pueden bancar un tiempo pero a largo plazo son insostenibles. Los más jóvenes, rehenes de sus sanos anhelos y unos empresarios abusadores, y que son capaces de laburar 16 horas diarias para hacerse un lugarcito en esto, tendrían que ir viendo lo que nos espera a todos si no nos ponemos firmes en cuanto a nuestras condiciones laborales. Perder tipos así por un grupo de rapiñeros nefastos es lamentable. Recuerden, nosotros somos más, pero desorganizados y sin verdaderos gremios que cumplan su función.
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