
Con su tono taxativo y tajante el ahora
Ministro de Seguridad de la
Provincia de Buenos Aires no engaña a nadie. El tipo siempre quiso acceder al poder, le encantan las fotos y las cámaras de tv. No lo conformó nunca ser un "vulgar" fiscal. Recuerdo cuando, previa a la elección que perdiera
Macri en la ciudad frente a
Ibarra, el hombre barajaba la posibilidad de convertirse en el procurador general del gran
Mauricio. Luego empieza el coqueteo con
Scioli y para rematarla informa antes de elevarlos, al entonces
Ministro del Interior Anibal "prófugo" Fernández, sobre los pedidos de indagatorias por el caso
Skanska, algo que pasó desapercibido en su momento pero que habla a las claras del grado de incesto entre la justicia y el poder político. Ahora el ex fiscal, soberbio y altanero hecha a su segundo sin haber solucionado nada todavía y sabiendo que si esta movida le sale mal, el gobierno le permitió de todos modos una licencia, según informaron, sin goce de sueldo, para que pueda volver como si nada a su fiscalia. El sillón te espera Carlitos, volvé a
Comodoro Py, que en la
Argentina a todos se los perdona.
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