
Estuve viendo algunas ráfagas de
TVR interesantes, especialmente la que rescató la manera burda en que
TELEFE obvió el tema de los cacerolazos, cuestión a la que nos habíamos referido
en este blog. El programa de
Diego Gvirtz siempre intenta reflejar las contradicciones ideológicas, éticas y hasta morales de nuestra decadente televisión. Eso me trajo a la memoria la anécdota de una amiga que después de tanto buscar trabajo consiguió ingresar a la productora de este señor y trabajar para el ciclo al que hacemos referencia. Su tarea específica era ver horas y horas de video para encontrar algún segmento que pudiera interesar a los productores de turno. La labor se llevaba a cabo en una oficinas en las que el personal laburaba hacinado. Tenían unas mesitas con video cassetteras y pantallas en la que debían pasar sentados hasta ocho horas y encima les hacían historia para poder ir al baño. La remuneración era ínfima y uno terminaba alienado y denigrado por el trato que se le profesaba. Esta joven recién recibida en la carrera de
Comunicación Social duró sólo una semana en esa situación de esclavitud. La verdad que la integridad moral y ética debería empezar por casa ¿no?.
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