
En la sala hay dos grandes pantallas que en este caso iban a ser utilizadas, Power Point mediante, para dar una explicación bien pedagógica. La cuestión era que diez tipos no podían hacer que el programa funcionara; iban, venían, transpiraban, y desde el despacho un Alberto Fernández preocupado y apurando las cosas se asomaba amenazante. Finalmente la tecnología falló y mientras el tano Di Sandro (decano de los periodistas en La Rosada) pedía un pizarrón, la troup decidió salir a escena a la buena de Dios.
Luego de las elucubraciones del Jefe de Gabinete vino la supuesta explicación del Ministro de Economía Carlos Fernández, que fue una suerte de trabalenguas en arameo.
Cuando la conferencia terminó se pudo ver a los periodistas corriendo por la sala para dar con algún idóneo que les aclarara el tema, ergo: nadie había entendido un carajo.
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