
Alguien les hizo creer a estos dos muchachos que han logrado alcanzar la panacea en cuanto al dominio de la ironía, el doble sentido y la capciosidad. Muertos
Castello,
Guinzburg y
Abrebaya, los tipos tomaron las "banderas" del periodismo "insolente". Ese, que en el caso de ellos, hace acordar más a aquel psudopuntito de
Luca Prodan que quería hacerse el malito, torcía la boca, se arreglaba el pelito y después volvía a
Belgrano.
Esa estúpida exacervación del viejo
CQC hoy ya está demodé pero
"Barra" y
"El Pelado" insisten hasta el hartazgo. Eso de
"Soy la mierda oficialista" o
"Qué harán los Tobas desnutridos cuando cierre Fibertel", son sopas del mismo chocolate, fórmulas remanidas y vetustas que cansan al más ducho. Lo triste y más berreta de esta historia, es que ahora la dupla "nacional y popular" que vale aclarar, come de la misma mano, se arroja dardos guinzburgianos, envenenados con caquita, por una mera cuestión de alcobas, obsecuencias y egoskirchnerismos.
Marchetti no se aguantó la "bromita tinelliana de la burguesa
Cámpora" que le gritó "trola" a su novia y pegó enervadísimo olvidando todo su sarcasmo y locuacidad en ojotas. Ahora es el barbado cáustico como un mandril de
6,7,8, quien sale a defenderse con otra dosis innecesaria de "mordacidad" de jardín de infantes. Lean
esto y si se empalagan de ironismo y revolucionarismo escuchen un ratito a
Marcos Aguinis así se les pasa y vuelven a la "racionalidad liberal" que suena muy parecida a estas pavadas.
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