
Y es así amigos, el macrismo es un hueso difícil de roer que ya está instalado en la fauces fachistoides del burgués medio capitalino que lleva a cagar a sus mascotas a la puerta del vecino, por lo menos de la mitad, diría
Fito. El modelo de desigualdad aggiornada del kirchnerismo tendrá al menos su segunda vuelta en la
Ciudad en la que queda bien claro que
Macri y
Filmus no son tan diferentes como parecen. Sin revisar sus biografías, que son elocuentes por un lado y por el otro, allí hay desde procesamientos por evasión de impuestos hasta causas por invenciones tales como la de una escuela shopping. En verdad, ambas administraciones tienen una misma matriz administrativa; poderes verticalistas que se manejan con políticas demagógicas que no resuelven en ningún punto el nudo de los problemas reales, cosmética pura y autochupamedismo permanente. El porteño es un tipo muy delirante que puede llegar a votar a
Mauricio porque odia a
Cristina y su guión pseudoprogresista, porque le gusta la imagen empresarial del líder de ojos azules, o porque se cree independiente y elige "gestión" mientras viaja en un subte o colectivo que no funciona o saca a relucir su nuevo auto que tardará tres horas en hacer veinte cuadras. También se da que apoye a
Filmus porque cree que el kirchnerismo es de verdad una revolución de la redistribución de la riqueza o sabe que eso es una impostura pero igual lo considerará como un mal menor. En ese mejunje de contradicciones y autoengaños, obviamente ganará
Macri gracias al marketing del
After Office que le encanta al yupi tercermundista de la
Ciudad. Al clase media con platita en el bolsillo le importa un bledo el discurso de la militancia épica de
La Cámpora; el tipo o mina quiere culos, tetas, bultos, música, shopping, tragos, comida gourmet y festichola.
Durán Barba se dio cuenta de eso hace rato y va por ese camino. El análogo progre de
Mauricio,
Daniel Filmus, tendrá que seguir participando, al menos por ahora.
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