
En su libro “El Otro”, una biografía política del caudillo bonaerense, el periodista Hernán López Echague denunció que “Duhalde le debe mucho a Rodolfo Illescas, secretario general de la filial Lomas de las 62 Organizaciones, quien no sólo gestionó su postulación como Concejal ante los poderosos hombres de las 62, también favoreció... el buen pasar de Duhalde durante la dictadura. A mediados de noviembre de 1975... ocurrió un episodio que había de cobrar valor en la vida de Duhalde con posterioridad al golpe de marzo de 1976. Una noche... el gremialista Illescas irrumpió en la casa del intendente y le refirió que un conocido suyo, Jesús Ramés Ranier, apodado El Oso, le había hecho saber que el ERP se encontraba a poco de realizar una colosal operación contra un objetivo militar situado en la zona sur del conurbano. Ranier, un metalúrgico sin empleo, había ingresado a la organización guerrilera un año atrás, pero con el correr del tiempo se había convertido en un simpático soplón...A la mañana ... se presentó en el despacho de Calabró, y atribuyéndose por completo el mérito de la información, le narró la nueva. Los ojos del gobernador se pusieron a centellear del contento. Nadie ignoraba que el golpe militar era una cuestión de tiempo... Un desenlace inexorable que para Calabró no era más que una contingencia, pues ya se había habituado a gozar del poder y tenía previsto continuar en la gobernación como delegado del futuro gobierno de facto. La posibilidad de ofrecer una información de esa magnitud al Ejército, por tanto, lo llenó de satisfacción. Duhalde... le exigió al gobernador que, al transmitir la información a los hombres de la Jefatura II de Inteligencia, no olvidara mencionar su nombre. Calabró así lo hizo. El asalto al Batallón de Arsenales 601 “Domingo Viejo Bueno”, en Monte Chingolo, en el mediodía del 23 de diciembre de 1975, condujo al ERP hacia el abismo... El Ejército les tendió una ratonera perfecta. La represión fue feroz y desmesurada: entre miembros del ERP y habitantes de las villas aledañas al cuartel... los militares mataron a cientos de personas. En realidad, nunca pudo saberse con precisión cuántos fueron asesinados, porque la mayor parte fue a parar a fosas comunes. El oportuno gesto le valió a Duhalde el tácito reconocimiento de los militares, en particular el del futuro cabecilla del golpe, general Jorge Rafael Videla”. ¡Qué mejor representante podrían tener los milicos genocidas!
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