
La explosión de gol de un domingo de clásico rosarino lo asustaba en las cercanias de un estadio y lo exponía al delirio de los hinchas. Más tarde la imagen era reconocible; el monumento a la bandera, con las reconocibles escaleras que desaparecian con la figura de Fabián y una anciana que hablaban de la vida y se despedían con un beso, mientras él juraba que no iba a olvidarla jamás. Después el muchacho aparecía con un bolso rumbo a la estación para volver desanimado ante la imposibilidad de concretar el encuentro. Sin embargo, un extraño aguarda el colectivo en un refugio y se parece mucho al personaje que motivó el viaje. Polo lo mira y le pregunta si lo conoce de algún lado. El Negro Fontanarrosa responde negativamente y, punto seguido, el joven periodista se aleja solo en el tiempo y en el espacio.
El NOTERODEAPIE recuerda el envío e imagina otro final, uno en el que ambos se encaminan juntos y charlando sonrientes hacia el Parque Independencia, perdiendose luego en el Rosario más profundo.
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